-¡Chau Charly! le dicen los vecinos y él siempre les responde: -¡Guau, guau, guau!- no puede dejar de ladrar.
Cuando ve algún congénere se le enfrenta, es loco como él solo. Creo que la culpa de su locura la tiene su nombre, porque se lo pusimos pensando en Charly García. Una vez se escapo, veloz como siempre, y mordió en el tobillo al perro del vecino que es diez veces más grande que él, pues Charly solo pesa 3,5 kg.
-Charly, Charlyyyyy, vení acá- nada, no viene.
- ¡Charly, vamos a pasaer!- ahí viene... qué perrito vago.